sábado, 15 de septiembre de 2007

SEPTIEMBRE

Algo curioso me ocurrió. Fue la sensación de encontrarme sentada en el mismo lugar en el cual había estado hace un mes atrás, y creí, de repente, de que el tiempo no había pasado. De que estaba ahí desde hacía muchos días.... Pero luego pensé y creí que en realidad era un nuevo momento. Llegue a esa verdad cuando sonó el teléfono y la persona que estaba del otro lado de la línea me hizo recordar que, hace una semana yo no estaba sentada en este mismo lugar, sino que, yo también estaba del otro lado, y de vacaciones. Ahí llegue a la conclusión de lo difícil que se me hacia afrontar nuevamente la rutina, las obligaciones del día a día. Y todo esto tenía un culpable: el mes de septiembre. Sinceramente lo odiaba. Y pensar que antes me moría por su llegada, ¡cómo lo esperaba!..De esto hace un par de años atrás cuando mi visión era otra, mi vida estaba en otro lugar.
Me entenderán aquellos que vienen del mismo lugar de donde yo vengo, del nuevo continente, siendo más puntales, de Latinoamérica, donde septiembre es otra cosa. Es un mes el cual se lo asocia a los enamorados, a las flores, al sol, al canto de los pajaritos, a la vida al aire libre…porque el día 20 de septiembre es el día de los novios, el 21 es de la primavera. Estación del año ideal para enamorarse, traer hijos al mundo y todo lo relacionado al amor.
Y también ese mismo 21 de septiembre, en Argentina se festeja el día del estudiante, donde todos los compañeros de curso, se quieran o no, se unen con un mismo objetivo: hacer pici-nic, ya sea al lado del rio, en el parque o simplemente alejados a tan solo 10 metros del colegio, para comer, jugar a la pelota y tomar cerveza hasta olvidar que es lo que se estaba festejando.
Como pueden apreciar, de este lado del mundo, septiembre es sinónimo de alegría, festejos, amigos. Comienza el clima agradable, ya se avecina el verano, con esto el fin de curso y las vacaciones en el trabajo, navidad, año nuevo... Si, en septiembre se comienza a soñar, de ese lado del mundo el mes número nueve está asociado a la vida. Te da el empujón para llegar fresco al año nuevo.
Ahora, ¿qué pasa del lado viejo del continente? Donde las cosas son al revés que del nuevo lado.
Si, el mes de septiembre se vive diferente.
Comenzando por pensar en la palabra mágica, « rentrée ». Aquí ya empezamos con la peor asociación que se le podía hacer el mes de septiembre. Si algo podía arruinar lo poco que tenia de bueno este mes, era esta palabra tan temida. Porque con ella vienen muchas cosas feas a las cuales tememos. Los niños comienzan las clases. Compras para los niños que empiezan las clases. Vuelta al trabajo, de nuevo ver esas caras las cuales gracias al mes de agosto habíamos olvidado. La rutina. Volver a levantarse cada día a la misma hora para hacer lo mismo cada día. Comienza el frio, mes que trae el otoño, el cual le roba las hojas a los arboles, el cual seca la ciudad y por consecuencia, nos entristece. Llueve, nos engripamos, contagiamos a nuestros hijos, tienen que faltar al colegio, tenemos que faltar al trabajo para cuidar a los hijos que están en casa enfermos. Lo peor, no han pasado ni dos días que regresamos de nuestras vacaciones pero ya las hemos olvidado, enterrado, ya necesitamos otras.
Con todo esto ya estamos desbordados y lo peor no termina aquí, porque en octubre viene el segundo round, es el mes número 10 que trae verdaderamente la muerte para ese último pequeño agujerito de felicidad que quedaba en nuestras vidas, porque los cursos, trabajos y otras obligaciones que en septiembre no habían comenzado aparecen ahora.
Si quedas de pie luego de este mes, ya puedes pasar el resto del año sin problemas.
Este número 9 del año se hace querer pero también odiar. Todo depende de qué lado del mundo se encuentre uno.

miércoles, 6 de diciembre de 2006

PARADOJAS DEL MUNDO LABORAL

A los veinticinco años de trayectoria de vida, mi preocupación se basaba en un solo tema: “la dificultad de conseguir un empleo”.
He aprendido mucho de aquella experiencia. Uff…si les contara. Me imagino que alguien debe de conocerla, al menos eso espero, porque si no llegaré a creer que el empleo sólo huía de mi.
De este tema podría haber sacado muchas conclusiones, y …¡ojo! Que hablaba con veinticinco años, no quiero pensar en aquellos amigos que me ganaban por diez… ¿y aquellos que me sacaban veinte? Porque para su conocimiento, el mercado laboral necesitaba personas entre veinte y treinta años. Si habías cumplido treinta y uno el día anterior te quedabas fuera, y bueno…tus padres te hubieran concebido antes y quizás…quien te dice…tenias la posibilidad de entrar en un proceso de selección, pero en cambio, si tenias treinta y dos ya estabas out.
Algo que no logré entender de estos anuncios era ¿por qué todos se ponían de acuerdo en pedir mínimo: un año de experiencia? Imagínense que para el primer empleo que buscaba no iba a tener ese “año de experiencia”, si justamente pretendía entrar en el mercado laboral, era porque todavía no me había insertado en él y por consecuencia no iba a tener experiencia. ¿Dónde la buscaba si todos me la pedían? Y al cabo de adquirirla, ¿no se me hubiese pasado la edad solicitada?
Este apartado además de ser “un poco” discriminatorio, era muy subjetivo al gusto de los futuros jefes. El candidato debía ser agradable y tener buena presencia: o sea “feas/os abstenerse” o peor aún, si no tuviste la suerte de que tu cara, cuerpo, altura, peso, vestimenta, etc.… no les agradase, estabas obligada/o al telemarketing o algo por el estilo, donde los clientes no tuviesen que ser testigos de tu espantoso rostro.
Para culminar, y como último requisito: buen nivel de inglés, francés, español y si vivías en la región de Cataluña, como era mi caso, obvio catalán. En lo posible todos estos idiomas si eran hablados, escritos y comprendidos al nivel de un nativo, mejor.
Ni hablar que si tenias un master, postgrado, doctorado… tu interés crecía para los responsables de R.R.H.H.
He hecho cursos, he aprendido idiomas, he viviendo un tiempo en cada país para adoptar un acento y parecer un inglés más, un español más, un francés más… He pagado psicólogos para “adecuar” mi carácter y lograr agradarle a todo el mundo. He “moldeado” mis modales, mi presencia. He comprado ropa de última moda siendo asesorada por dependientas con buen gusto en las mejores tiendas. Pero ahora, mis queridos amigos, luego de analizar todos estos requisitos y haber intentado cumplirlos para conseguir un humilde empleo. Ahora… tengo todo esto, cumpliría con todo lo que pedían, pero la edad amigos míos, la edad… sólo serviría para jubilarme, si hubiese podido trabajar.