A los veinticinco años de trayectoria de vida, mi preocupación se basaba en un solo tema: “la dificultad de conseguir un empleo”.
He aprendido mucho de aquella experiencia. Uff…si les contara. Me imagino que alguien debe de conocerla, al menos eso espero, porque si no llegaré a creer que el empleo sólo huía de mi.
De este tema podría haber sacado muchas conclusiones, y …¡ojo! Que hablaba con veinticinco años, no quiero pensar en aquellos amigos que me ganaban por diez… ¿y aquellos que me sacaban veinte? Porque para su conocimiento, el mercado laboral necesitaba personas entre veinte y treinta años. Si habías cumplido treinta y uno el día anterior te quedabas fuera, y bueno…tus padres te hubieran concebido antes y quizás…quien te dice…tenias la posibilidad de entrar en un proceso de selección, pero en cambio, si tenias treinta y dos ya estabas out.
Algo que no logré entender de estos anuncios era ¿por qué todos se ponían de acuerdo en pedir mínimo: un año de experiencia? Imagínense que para el primer empleo que buscaba no iba a tener ese “año de experiencia”, si justamente pretendía entrar en el mercado laboral, era porque todavía no me había insertado en él y por consecuencia no iba a tener experiencia. ¿Dónde la buscaba si todos me la pedían? Y al cabo de adquirirla, ¿no se me hubiese pasado la edad solicitada?
Este apartado además de ser “un poco” discriminatorio, era muy subjetivo al gusto de los futuros jefes. El candidato debía ser agradable y tener buena presencia: o sea “feas/os abstenerse” o peor aún, si no tuviste la suerte de que tu cara, cuerpo, altura, peso, vestimenta, etc.… no les agradase, estabas obligada/o al telemarketing o algo por el estilo, donde los clientes no tuviesen que ser testigos de tu espantoso rostro.
Para culminar, y como último requisito: buen nivel de inglés, francés, español y si vivías en la región de Cataluña, como era mi caso, obvio catalán. En lo posible todos estos idiomas si eran hablados, escritos y comprendidos al nivel de un nativo, mejor.
Ni hablar que si tenias un master, postgrado, doctorado… tu interés crecía para los responsables de R.R.H.H.
He hecho cursos, he aprendido idiomas, he viviendo un tiempo en cada país para adoptar un acento y parecer un inglés más, un español más, un francés más… He pagado psicólogos para “adecuar” mi carácter y lograr agradarle a todo el mundo. He “moldeado” mis modales, mi presencia. He comprado ropa de última moda siendo asesorada por dependientas con buen gusto en las mejores tiendas. Pero ahora, mis queridos amigos, luego de analizar todos estos requisitos y haber intentado cumplirlos para conseguir un humilde empleo. Ahora… tengo todo esto, cumpliría con todo lo que pedían, pero la edad amigos míos, la edad… sólo serviría para jubilarme, si hubiese podido trabajar.
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